Encontré la vida después de la muerte.

Hace poco menos de tres meses, resulté diagnosticado con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH o HIV por sus siglas en Inglés). Debo decir que psicológicamente, no es algo que me estaban diagnosticando esa tarde, básicamente, tenía una vida esperando que esto sucediera.

Por algún motivo, el cual no sabría bien explicar, siempre pensé que me pasaría a mí. Exacto, no soy el clásico relato de quien dice “Eso no me va a pasar a mí”. La verdad, es que desde los 17 años hasta los 27 años, me practicaba al menos una vez al año, el examen del VIH. Desde entonces, mi vida se resumía en sus cosas para el momento: ansiedades, angustias, problemas de la edad, metas, fracasos, logros, etc. Digamos que todo esto sirvió como una forma de hace background a lo que de alguna forma u otra sabía que me iba a pasar.

Tocando fondo.

Al menos unos 6 meses antes de mi diagnóstico, yo ya asumía que tenía VIH. Mi vida, luego de emigrar lejos de mi casa, era básicamente tener conductas de riesgo de todo tipo, no solo sexuales. Unas con la intención de amar y/o ser amado, otras sin querer, pero al final todas eran de riesgo. Vivir en Medellín fue una de las experiencias más geniales de mi vida hasta el momento, pero tampoco puedo negar que una de las que más me destruyó físicamente, porque así lo quise: me enfrenté con la depresión.

A ese periodo que llamo Tocando Fondo se le suma la tristeza del inmigrante, esa nostalgia incurable. La insatisfacción romántica, una soledad básicamente implacable. Digamos que, para el momento, yo ya había cavado mi propia tumba y estaba listo para saludar a la muerte. Normalmente la literatura en psicología lo llamaría ¨Instinto de Tanatos¨como aquél impulso que tenemos hacia estar tranquilos, sin estímulos, muertos o simplemente: sin angustia.

Llegó el momento de afrontar ese test, que este año sería lo mismo que el año pasado (por el miedo que produce) pero que básicamente, lo que sucediera después, era imposible de saber. En efecto, mi prueba salió reactiva.

Era una tarde lluviosa, suficiente y convenientemente dramático para mí. No sentí nada. Sólo entendí que esa era la realidad.

Este primer post es para explicar el título de mi blog que he llamado ¨La Post Vida¨porque quiero decirle al mundo que el VIH salvó mi vida. No estoy diciendo que el VIH sea algo bueno o malo. Quiero comunicarle al menos a alguien en este mundo que cuando más bajo y fuerte caemos, es cuándo más estamos en condiciones de encontrarle una dirección a la vida. Quiero tocar temas desde mi punto de vista como investigador, psicólogo, portador del VIH pero sobre todo, como humano. Entre ellos, la psicología de la adherencia al tratamiento, trastornos asociados y el entorno amoroso como se vive en personas con VIH.

No quiero finalizar este post sin dejar claro que sea el VIH, cáncer, la muerte de un ser querido o la pérdida de un trabajo que amabas, todo en la vida tiene una oportunidad. La oportunidad es básicamente seguir viviendo, aunque vivas de manera diferente. Para mí, la vida cobró sentido porque fue cayendo más bajo que me di cuenta que quería vivir y quizás no tanto por mí, sino también por esas personas que me aman. Que son tan geniales, que ven en mí más allá de lo que puedo ver yo de mí mismo.

Y tú ¿has encontrado vida después de tu muerte?

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